Por el sismo del 85 perdió su casa, vivió con su cuñado y después llegó a Ecatepec

Leonel Rosales, quien actualmente vive en la unidad CTM XIII, conocido también como Valle de Ecatepec

CRONISTA

Ecatepec, Méx.- “Un mes estuve viviendo con mi cuñado después de haberme quedado sin casa por el sismo del 19 de septiembre de 1985”, recordó Leonel Rosales, quien actualmente vive en la unidad CTM XIII, zona habitacional conocida también como Valle de Ecatepec.

CTM XIII es una unidad de edificios de interés social que el gobierno federal construyó, a través del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) para los damnificados por las explosiones de San Juan Ixhuatepec de 1984, o explosiones de San Juanico, que perdieron su casa o tuvieron que ser desalojados porque sus  viviendas se encontraban en una zona de riesgos por las gaseras instaladas en el lugar con anterioridad.

Al año siguiente por el sismo de 1985 que alcanzó una magnitud de 8.1 y que afectó en la zona centro, sur y occidente de México, en particular a la Ciudad de México, toda vez que el epicentro se localizó en el océano Pacífico mexicano, muchos edificios colapsaron y decenas de familias perdieron sus hogares, y la unidad CTM XIII se amplió para construir más edificios y proporcionarles casa a los que las perdieron.

De casi 60 años, Leonel Rosales, recordó que cuando sucedió el sismo en aquella ocasión “me encontraba trabajando en la colonia Vallejo”, en una fábrica, era jueves, a las 07:19 de la mañana, y afortunadamente en mi trabajo no hubo pérdidas humanas “sólo materiales”.  

Preocupado por lo que sucedió en varios puntos de la capital, se trasladó a su casa para saber de su familia, esposa y cuatro hijos, en la colonia Narvarte, en lo que era antes el Distrito Federal,  ahora Ciudad de México, se encontró con fracturas en el interior, cuarteaduras en techos, paredes y pisos. “La parte de atrás (de su vivienda) toda destrozada.

“Era imposible vivir ahí, era una vecindad, y nos desalojaron a todos porque decían que se iba a caer el edificio”, comentó.

“Recuperamos nuestras pertenencias y papeles (oficiales),  antes de que demolieran el inmueble, ya que era porque era inhabitable, tras el temblor. “No teníamos donde meternos”, recordó con tristeza el señor Rosales.

Al desalojar su vivienda “nos tuvimos que ir con mi cuñado”, a Lomas de Capula, arriba de Tacubaya”, quien le brindó ayuda a él y su familia, y ahí vivieron durante un mes, mientras el gobierno les brindaba una solución para poder  vivir.

Nos trajeron aquí, a la unidad CTM XIII,  “para escoger” su nueva casa, un departamento de interés social construido en edificio de tres niveles, acabados en tabique rojo, muros en yeso, pisos de cerámica y loseta vinílica, con estancia, sala, comedor, cocina, dos recamaras, un baño  y patio de servicio en 63 metros cuadrados.

Alquilaron por su propia cuenta un camión de redilas que les sirvió como mudanza para transportar sus pertenencias y con la esperanza de comenzar una nueva vida en el estado de México.

Al principio, subrayó, fue difícil adaptarse porque en el D.F. “lo teníamos todo, servicios, transporte y eran cortas las distancias pero ya nos acostumbramos” mis hijos estudiaron aquí y poco a poco han hecho su vida.  

Se le inquirió sobre su experiencia por el temblor del pasado 19 de septiembre de 7.1 en la escala de Richter a lo que contesto: “Si estuvo fuerte”, se preocupó un poco y recordó el sismo de hace 32 años,  pero gracia a Dios no pasó nada” y a su casa tampoco. “El del 85 si estuvo un poco más fuerte”.

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